Jaime Moreno - COMPLIA
01 Oct
01Oct

La siguiente ventaja competitiva de las organizaciones dependerá de utilizar inteligencia artificial, e integrarla en sus procesos críticos con control sobre los datos, seguridad, trazabilidad y resultados medibles.

La adopción de la IA ya no es el desafío. El verdadero reto es convertirla en valor empresarial.

Las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial están transformando la manera en que las organizaciones operan, compiten, atienden a sus clientes y toman decisiones. Sin embargo, mientras muchas empresas concentran sus esfuerzos en aprender a utilizar asistentes generativos, otras comienzan a avanzar hacia una etapa más estratégica: integrar la IA directamente en sus procesos de negocio.

Los datos confirman la magnitud de esta transformación.

De acuerdo con el AI Index Report 2026, elaborado por Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence (HAI), el 88 % de las organizaciones encuestadas utilizaba inteligencia artificial en al menos una función empresarial durante 2025. La adopción de IA generativa también alcanzó al 70 % de las organizaciones en alguna función de negocio.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre adoptar una herramienta y transformar una empresa: la adopción tecnológica no garantiza, por sí sola, resultados financieros u operativos.

La investigación The State of AI in 2025, de McKinsey, ofrece una perspectiva adicional. Aunque el 88 % de los encuestados reportó uso regular de IA en al menos una función empresarial, aproximadamente dos tercios señalaron que sus organizaciones todavía no habían comenzado a escalarla en toda la empresa. Asimismo, solo el 39 % reportó un impacto de la IA en el EBIT (beneficio antes de intereses e impuestos) a nivel organizacional.

El mensaje es contundente: utilizar IA se está convirtiendo en una práctica habitual, pero capturar su valor económico sigue siendo un desafío estratégico.

En este contexto, las organizaciones necesitan evolucionar desde el uso individual de asistentes hacia arquitecturas de inteligencia artificial capaces de integrarse con sus datos, aplicaciones, políticas internas y procesos operativos.

Es aquí donde la IA Privada adquiere relevancia.

¿Qué es la IA Privada y por qué importa?

La IA Privada es un enfoque de implementación que busca ofrecer capacidades de inteligencia artificial dentro de un entorno controlado por una organización, con políticas definidas para proteger sus datos, gestionar los accesos y supervisar el uso de la tecnología.

Dependiendo de la arquitectura, puede operar en infraestructura propia, nube privada o servicios dedicados con controles contractuales y técnicos específicos.

No debe confundirse con una categoría particular de modelo. Una IA Privada puede utilizar modelos abiertos, modelos de pesos disponibles públicamente o modelos propietarios comerciales. Lo determinante es cómo se despliega, quién controla el entorno, qué información puede procesar y qué garantías existen sobre su tratamiento.

Tampoco debe asumirse que cualquier solución comercial denominada privada garantiza automáticamente confidencialidad, residencia de datos, ausencia de retención o independencia del proveedor. Esas condiciones deben comprobarse en la arquitectura, los contratos y la configuración efectiva.

La diferencia fundamental está en el grado de control que una organización puede ejercer sobre el sistema.

En una implementación bien diseñada, la IA Privada permite establecer quién puede acceder a determinados documentos, qué fuentes de información puede consultar el sistema, qué operaciones tiene autorizadas y qué registros deben conservarse para auditoría.

Esto resulta especialmente relevante para organizaciones que manejan información financiera, datos personales, propiedad intelectual, expedientes legales, información estratégica o conocimiento interno que representa una ventaja competitiva.

La pregunta deja de ser únicamente qué tan inteligente es el modelo y comienza a ser qué tan bien puede integrarse, protegerse y gobernarse dentro del negocio.

IA pública, modelos abiertos e IA Privada: diferencias que los directivos deben comprender

En el mercado suelen mezclarse conceptos que, desde una perspectiva tecnológica y de gestión de riesgos, deben distinguirse.

Los asistentes generativos públicos, los modelos abiertos y la IA Privada no son categorías mutuamente excluyentes.

ChatGPT, Gemini, Claude y Copilot ofrecen diferentes capacidades de generación, análisis, programación y asistencia. Constituyen puntos de entrada valiosos para desarrollar competencias digitales, experimentar con nuevas formas de trabajo y mejorar determinadas actividades individuales.

Por su parte, un modelo abierto o de pesos abiertos puede ofrecer posibilidades de adaptación, despliegue local y mayor autonomía tecnológica, dependiendo de su licencia, arquitectura y requisitos computacionales.

La IA Privada se refiere principalmente al entorno de implementación, el control de los datos y las condiciones de operación. Por ello, una organización puede construir una solución privada utilizando un modelo abierto o contratar un servicio comercial con capacidades de aislamiento y protección de datos.

La comparación correcta debe considerar, al menos, cinco dimensiones:

1. Control de la información. En un entorno privado adecuadamente configurado, la organización puede definir qué datos se incorporan, cómo se almacenan, quién puede consultarlos y durante cuánto tiempo se conservan. En cualquier servicio público o comercial, estas condiciones dependen de sus políticas, contrato, configuración y arquitectura.

2. Seguridad y gestión de accesos. Una solución privada puede integrarse con los mecanismos corporativos de autenticación, autorización, segmentación de información y monitoreo. No obstante, estos controles deben implementarse y probarse; no aparecen automáticamente por utilizar un modelo privado.

3. Adaptación al negocio. La conexión con bases de conocimiento internas, sistemas documentales, CRM, ERP y otras aplicaciones puede convertir la IA en una herramienta especializada para las necesidades de la organización.

4. Integración operativa. En lugar de limitarse a generar respuestas, una solución empresarial puede incorporarse a flujos de trabajo, consultar fuentes autorizadas y, cuando dispone de las integraciones y permisos necesarios, ejecutar determinadas acciones.

5. Gobernanza y trazabilidad. Una arquitectura empresarial puede diseñarse para registrar interacciones, controlar versiones, aplicar políticas de uso y conservar evidencias sobre determinadas decisiones y operaciones.

Estas ventajas son posibilidades de diseño, no garantías universales. Una implementación privada mal configurada puede presentar más riesgos que un servicio comercial administrado con controles robustos.

Por eso, la decisión no debe basarse exclusivamente en la etiqueta «privada», «abierta» o «pública», sino en una evaluación integral del riesgo, el costo total de propiedad, el rendimiento y las necesidades del negocio.

El argumento de ciberseguridad: la velocidad de adopción supera a la madurez de los controles

Uno de los datos más relevantes para los responsables de seguridad proviene del Cost of a Data Breach Report 2025, publicado por IBM y basado en investigaciones realizadas por Ponemon Institute.

El informe encontró que el 13 % de las organizaciones estudiadas había sufrido brechas de seguridad relacionadas con modelos o aplicaciones de IA. Entre las organizaciones que reportaron esos incidentes, el 97 % carecía de controles adecuados de acceso a la IA.

Además, el 63 % de las organizaciones analizadas no contaba con políticas de gobernanza de IA o todavía las estaba desarrollando. Una de cada cinco reportó una brecha relacionada con IA en la sombra, conocida como shadow AI.

Estas cifras deben interpretarse con precisión: describen los resultados del estudio y no representan automáticamente a todas las empresas del mundo. Sin embargo, evidencian un problema concreto de gestión.

Cuando los colaboradores utilizan herramientas de IA sin políticas claras, pueden introducir información confidencial en servicios no autorizados, exponer propiedad intelectual, procesar datos personales sin las salvaguardas correspondientes o incorporar resultados incorrectos en decisiones empresariales.

El problema no es la inteligencia artificial en sí misma. Es la combinación de capacidades tecnológicas, acceso a información sensible y controles insuficientes.

La IA Privada puede ayudar a reducir determinadas exposiciones cuando se diseña para mantener la información dentro de límites autorizados, aplicar permisos granulares y controlar las interacciones con los sistemas corporativos.

Entre los controles que conviene evaluar destacan:

  • Autenticación corporativa y acceso basado en roles.
  • Restricciones para consultar documentos según el perfil del usuario.
  • Cifrado de datos en tránsito y en reposo.
  • Políticas de retención, eliminación y respaldo.
  • Registro de actividad y monitoreo de eventos de seguridad.
  • Protección frente a instrucciones maliciosas, extracción de información y ataques de inyección de instrucciones (prompt injection).
  • Validación de las fuentes documentales y de los resultados generados.
  • Gestión de vulnerabilidades, actualizaciones y dependencias tecnológicas.
  • Evaluación de proveedores, subcontratistas y transferencias de información.
  • Supervisión humana para decisiones de alto impacto.

La eficacia de estos controles depende de su implementación y de las pruebas realizadas sobre el sistema.

La conclusión para los líderes empresariales es clara: la seguridad de la IA debe diseñarse desde el inicio y no incorporarse únicamente después de un incidente.

Latinoamérica: una oportunidad de adopción que exige mayor madurez organizacional

América Latina está participando activamente en la expansión global de la inteligencia artificial. Sin embargo, la velocidad de adopción no elimina las diferencias en infraestructura, talento, inversión y gobernanza.

El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025, elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), evalúa los ecosistemas de IA de 19 países de América Latina y el Caribe.

El índice identifica avances y brechas en tres dimensiones: factores habilitantes, investigación, desarrollo y adopción, y gobernanza. Sus resultados clasifican a los países en tres grupos de madurez: pioneros, adoptantes y exploradores.

Chile, Brasil y Uruguay destacan como pioneros regionales, mientras que otros países avanzan a diferentes velocidades. La investigación también identifica desafíos persistentes relacionados con el talento, la inversión y las capacidades institucionales.

Otro dato significativo del ILIA 2025 es que América Latina y el Caribe concentraban el 14 % de las visitas globales a soluciones de inteligencia artificial y ocupaban el tercer lugar mundial en descargas de aplicaciones de IA generativa, según los resultados presentados por CEPAL y CENIA.

Estas cifras muestran que la región participa activamente en la adopción de estas tecnologías, aunque el acceso y la experimentación no equivalen necesariamente a una transformación productiva consolidada.

Para las empresas latinoamericanas, esta situación abre una oportunidad estratégica.

No necesitan competir exclusivamente por desarrollar modelos fundacionales de inteligencia artificial. También pueden diferenciarse mediante la integración de IA con sus propios datos, el rediseño de procesos, la automatización de operaciones y la creación de servicios especializados.

Una empresa que conoce mejor a sus clientes, controla sus procesos y administra de manera responsable su información puede desarrollar aplicaciones de IA con valor específico para su mercado.

Sin embargo, para hacerlo de forma sostenible, necesita invertir en infraestructura adecuada, competencias del personal, seguridad de la información y gobernanza.

En economías donde los recursos tecnológicos y financieros son limitados, elegir una arquitectura desproporcionadamente costosa también puede destruir valor. Por ello, la IA Privada debe evaluarse con criterios de proporcionalidad: sensibilidad de los datos, criticidad del proceso, volumen de uso, costos de operación y beneficios esperados.

La estrategia no consiste en privatizar toda la IA, sino en determinar qué capacidades requieren un entorno de control reforzado y cuáles pueden resolverse adecuadamente con herramientas comerciales existentes.

Del asistente generativo a los sistemas que transforman procesos

ChatGPT, Gemini, Claude y Copilot son herramientas importantes para introducir a las personas en el uso de la inteligencia artificial.

Permiten explorar posibilidades, desarrollar habilidades de interacción con modelos generativos, preparar documentos, analizar información y acelerar tareas de conocimiento.

Para muchas organizaciones, este es un primer paso necesario. Pero no debería convertirse en el destino final de su estrategia.

La diferencia entre utilizar un asistente y transformar un proceso empresarial consiste en pasar de una interacción aislada a una solución integrada en el flujo operativo. Por ejemplo, pedir a un asistente que redacte una respuesta comercial puede ahorrar tiempo. Diseñar un sistema que consulte información autorizada del CRM, revise el historial de interacción, identifique las condiciones comerciales aplicables, proponga una respuesta y solicite aprobación antes de enviarla puede transformar una parte del proceso de atención al cliente.

El segundo escenario requiere mucho más que un buen modelo: necesita integración tecnológica, calidad de datos, reglas de negocio, gestión de permisos, controles de seguridad y supervisión.

Lo mismo ocurre en otras áreas.

En Recursos Humanos, un sistema puede ayudar a consultar políticas internas, localizar procedimientos, responder preguntas frecuentes y facilitar la incorporación de nuevos colaboradores. Las aplicaciones relacionadas con selección, evaluación o promoción de personas requieren salvaguardas adicionales debido a su impacto sobre los derechos y las oportunidades laborales.

En Legal y Compliance, la IA puede facilitar la búsqueda de cláusulas, comparar documentos, identificar obligaciones contractuales y organizar evidencias. Las conclusiones deben validarse y las fuentes deben poder consultarse, especialmente cuando el resultado se utiliza para adoptar decisiones jurídicas o regulatorias.

En Finanzas, puede apoyar la clasificación documental, la conciliación de información, la preparación de reportes y la identificación de anomalías. Las operaciones financieras críticas requieren controles sobre las fuentes, las reglas de cálculo y las autorizaciones.

En Operaciones, puede consultar manuales técnicos, apoyar el diagnóstico de incidencias, organizar órdenes de trabajo y facilitar el acceso al conocimiento especializado.

En Ventas y servicio al cliente, puede consultar catálogos, políticas, inventarios e historiales autorizados para apoyar respuestas contextualizadas, recomendaciones y seguimiento comercial.

En Dirección General, puede integrar información autorizada de diferentes áreas para preparar análisis ejecutivos, identificar tendencias y apoyar la evaluación de escenarios, sin sustituir la responsabilidad de los tomadores de decisiones.

En todos estos casos, el valor proviene de combinar capacidades de IA con datos, procesos y controles.

La automatización más avanzada puede incorporar agentes de IA capaces de planificar y ejecutar secuencias de tareas dentro de permisos delimitados. Sin embargo, conceder autonomía operativa exige evaluar con especial cuidado las acciones que el sistema puede ejecutar, sus mecanismos de autorización y la posibilidad de detener o revertir operaciones.

La pregunta estratégica para cada área ya no debería ser solamente «¿cómo podemos utilizar IA?», sino también: «¿qué proceso queremos mejorar, qué resultado buscamos y bajo qué controles permitiremos que la tecnología intervenga?».

Gobernanza de la IA: el componente que convierte la capacidad tecnológica en confianza

Una arquitectura privada no sustituye a la gobernanza de la IA.

La gobernanza establece quién toma las decisiones, quién responde por los resultados, qué riesgos son aceptables, qué controles deben aplicarse y cómo se demuestra que el sistema opera conforme a las políticas y obligaciones de la organización.

La norma internacional ISO/IEC 42001:2023 proporciona requisitos para establecer, implementar, mantener y mejorar continuamente un Sistema de Gestión de Inteligencia Artificial (SGIA).

Su enfoque permite organizar responsabilidades, procesos de gestión de riesgos, controles y actividades de mejora continua alrededor del uso de la IA.

Complementariamente, ISO/IEC 27001 aporta un marco para gestionar la seguridad de la información. La integración de ambos sistemas puede ayudar a coordinar la gestión de riesgos relacionados con los activos de información y los sistemas de IA, sin confundir sus objetivos ni asumir que una norma sustituye a la otra.

También resulta útil el marco de gestión de riesgos de IA del National Institute of Standards and Technology (NIST), que promueve la identificación y gestión de riesgos relacionados con la confiabilidad, seguridad, transparencia, privacidad y responsabilidad de los sistemas.

En la práctica, una organización que implemente IA Privada debería definir, al menos:

  1. Inventario de sistemas y casos de uso: identificar qué soluciones se utilizan, qué procesos afectan y qué datos procesan.
  2. Clasificación de riesgos: determinar la sensibilidad de la información, las consecuencias de los errores y el impacto potencial sobre clientes, colaboradores y terceros.
  3. Políticas de acceso y uso: establecer quién puede utilizar cada sistema, con qué información y para qué finalidades.
  4. Evaluación técnica y funcional: comprobar el rendimiento, la precisión, la robustez y los límites del sistema antes de desplegarlo.
  5. Supervisión humana: definir cuándo se necesita revisión, aprobación o intervención de una persona.
  6. Trazabilidad y documentación: conservar las evidencias pertinentes para reconstruir las operaciones y evaluar incidentes.
  7. Monitoreo y mejora continua: revisar el desempeño, los riesgos emergentes y la eficacia de los controles.

Este enfoque ayuda a que la IA deje de depender exclusivamente de decisiones individuales y pase a operar dentro de un modelo organizacional de responsabilidades y controles.

La gobernanza no debe convertirse en una barrera burocrática que frene la innovación. Debe proporcionar las condiciones para que la innovación sea sostenible, verificable y compatible con los objetivos del negocio.

¿Cómo evaluar si una IA Privada generará valor real?

La decisión de implementar una solución privada debe partir de un problema empresarial claramente definido y de una evaluación objetiva de sus alternativas.

No todos los casos necesitan infraestructura propia, modelos abiertos ni despliegues privados. En determinadas tareas, un servicio comercial correctamente contratado y configurado puede ofrecer una relación costo-beneficio superior.

En otros escenarios, el control sobre los datos, la integración con sistemas internos o la sensibilidad del proceso justifican evaluar una arquitectura privada.

Para tomar la decisión, recomiendo analizar seis dimensiones:

1. Valor de negocio. ¿Qué indicador pretende mejorar la organización: tiempo de respuesta, costo por operación, calidad, productividad, conversión comercial o satisfacción del cliente?

2. Sensibilidad de la información. ¿El sistema procesará datos personales, información financiera, propiedad intelectual, secretos comerciales o documentación regulada?

3. Integración. ¿Necesita conectarse con sistemas corporativos, consultar información actualizada o ejecutar operaciones dentro de procesos existentes?

4. Riesgo y control. ¿Qué podría ocurrir si el sistema genera una respuesta incorrecta, revela información o ejecuta una acción no autorizada?

5. Costo total de propiedad. ¿Cuál será el costo de infraestructura, licencias, cómputo, integración, mantenimiento, seguridad, capacitación y supervisión?

6. Medición de resultados. ¿Cómo se comparará el desempeño antes y después de la implementación, considerando también la calidad y los riesgos?

Un proyecto puede evaluarse mediante una línea base y un piloto controlado. Por ejemplo, si se pretende reducir el tiempo de resolución de consultas internas, primero se mide el tiempo actual y después se compara con el obtenido durante el piloto, sin omitir la tasa de errores, la satisfacción de los usuarios ni el costo de operación.

Esta metodología permite determinar si el beneficio observado compensa la inversión y si los resultados son suficientemente sólidos para escalar la solución.

El objetivo no es implementar la tecnología más sofisticada, sino elegir la arquitectura que genere el mayor valor sostenible dentro de un nivel de riesgo aceptable.

La ventaja competitiva será combinar IA, datos propios y gobernanza

La inteligencia artificial está entrando en una nueva etapa de madurez empresarial.

El acceso a modelos generativos cada vez más capaces continuará ampliando las posibilidades de innovación. Sin embargo, a medida que estas capacidades se vuelvan más accesibles, la diferenciación dependerá cada vez más de cómo las organizaciones las integren con su conocimiento, sus procesos y su estrategia.

La IA Privada representa una alternativa relevante para aquellas empresas que necesitan un mayor control sobre sus datos, sus integraciones y sus condiciones de operación. Su valor no reside únicamente en evitar que determinada información salga de un entorno controlado. También puede facilitar el desarrollo de soluciones especializadas, la protección del conocimiento corporativo y la integración de capacidades inteligentes en procesos que requieren controles específicos.

Pero ninguna arquitectura, por sí sola, garantiza seguridad, cumplimiento o resultados.

La ventaja surge cuando la organización combina tecnología adecuada, personas capacitadas, procesos rediseñados, controles de ciberseguridad y un sistema de gobernanza que permita evaluar y mejorar continuamente el desempeño.

Para Latinoamérica, esta es una oportunidad para avanzar más allá del consumo de herramientas tecnológicas y desarrollar capacidades empresariales propias, adaptadas a las necesidades de sus mercados.

Las organizaciones pueden comenzar con herramientas generativas accesibles, desarrollar competencias mediante AI Literacy y AI Fluency, identificar oportunidades de automatización y avanzar progresivamente hacia sistemas integrados cuando el caso de negocio y los riesgos lo justifiquen.

El siguiente paso consiste en incorporar estos sistemas a una estrategia de IA Responsable, con responsabilidades claras, evaluación de riesgos, controles verificables y métricas de impacto.

La IA generativa abre la puerta. La IA integrada en los procesos crea oportunidades de transformación. La gobernanza y la ciberseguridad proporcionan las condiciones para que esa transformación sea confiable y sostenible.

La ventaja competitiva consiste en utilizar inteligencia artificial, en saber dónde aplicarla, cómo controlarla y cómo convertirla en resultados medibles para la organización.

Fuentes 

Marcos de referencia utilizados en el artículo:

  1. Stanford HAI — The 2026 AI Index Report. Datos sobre adopción global de IA e IA generativa en organizaciones. Consultar el informe de Stanford HAI
  2. McKinsey — The State of AI in 2025: Agents, Innovation, and Transformation. Datos sobre adopción empresarial, escalamiento, agentes de IA e impacto financiero. Consultar el estudio de McKinsey
  3. IBM — Cost of a Data Breach Report 2025. Datos sobre incidentes relacionados con IA, controles de acceso, gobernanza y shadow AI. Consultar el informe de IBM
  4. CEPAL y CENIA — Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025. Indicadores de madurez, adopción y gobernanza de IA en América Latina y el Caribe. Consultar el ILIA 2025
  5. NIST — AI Risk Management Framework. Referencia para la gestión de riesgos y la confiabilidad de los sistemas de inteligencia artificial. Consultar el marco de gestión de riesgos del NIST